Muestras / Muestras anteriores / 2010 / La acción y su registro II - Curadora: Adriana Lauria
La acción y su registro II
Como en su momento el collage sirvió para escudriñar la realidad, no representándola sino presentándola –aunque de manera fragmentaria–, en los últimos cincuenta años, siguiendo las premisas de las neovanguardias de los ‘60, las creaciones performáticas acercaron el arte a la vida. La presencia física de los artistas, su actuación y el uso de sus imágenes fueron prácticas exploradas por las diferentes tendencias, que, tratando temas de la más diversa índole, usaron los medios técnicos que cada época puso a su disposición. Al actuar como performer, el artista parece intensificar la comunicación, aunque su presencia esté mediatizada por la fotografía, el video, los recursos informáticos o las estrategias publicitarias, cuyo uso creativo, además, propicia reflexiones alternativas sobre su creciente incidencia en la vida de cada individuo y de la sociedad.
Dalila Puzzovio y Charlie Squirru, protagonistas del pop vernáculo, respondieron a la lógica de aquel movimiento empleando sus propias imágenes como si fueran estrellas de la moda o del cine. Es inevitable relacionar su obra Dalila y Charlie entre los dioses con Cleopatra , una de las películas más promocionadas de los años 60. La espectacularidad del film sólo fue rebasada por el sonado romance de la pareja protagónica: Liz Taylor y Richard Burton. Como ellos lo fueron para Hollywood, en nuestro medio artístico, Dalila y Charlie son una “marca registrada”, cuyas efigies caracterizan la época y son indiscernibles del resto de su producción plástica.
Otro ícono de aquella década, Marta Minujín, llevó a cabo las más diversas acciones, incitando al público a la participación lúdica y desinhibida. Desde entonces su imagen se transformó en sinónimo de arte. Aprovechando esta circunstancia, sus performances de las últimas décadas incluyeron hechos significativos para la historia argentina. En Solving the Internacional Conflict whith Art and Corn , entregaba choclos a una doble de Margaret Tatcher, poniendo en escena una suerte de rito de sanación no exento de humor. Allí los frutos americanos funcionaban como ofrenda autóctona para la conjura de conflictos.
Por su parte David Lamelas –integrante de la generación emergente del Instituto Di Tella como Minujín, Puzzovio y Squirru– actuó su Rock Star reproduciendo el vestuario, los movimientos y la gestualidad concentrada de un rockero en pleno trance interpretativo. Si la performance y su documentación fotográfica pertenecen al modus operandi del arte conceptual, del que Lamelas es destacado representante, la apropiación de un rol específico parece extender los límites del conceptualismo, dando lugar a la inserción de comentarios críticos acerca de los estándares de representación mediática y, sobre todo, a la recuperación de la fascinante sensualidad de la imagen.
Tres décadas después, en Huele a sangre , Gastón Pérsico rindió homenaje a Rock Star . En su obra un oscuro personaje black metal –la rama más brutal del heavy– se sitúa en las antípodas de la glamorosa puesta en escena de Lamelas. A pesar de que comparte con él tanto la estrategia apropiadora como el trasfondo rockero, Pérsico persigue otros fines: el conocimiento y reivindicación de las culturas underground que, en combinación con textos de pensadores contemporáneos –tal como hiciera en Heavy mental[i] –, forma parte de su indagación estética.
A mediados de los ‘80 Res comenzó la serie ¿Donde están? empleando la consigna de organizaciones que, como Madres de Plaza de Mayo, interpelaban a la sociedad sobre el destino de los desaparecidos. El clima de la pieza que hace suyo el título de la serie, está cargado de aquella dramática incertidumbre que en los primeros años de democracia, apenas se desvelaba. Por medio de una prolongada exposición, la figura del artista aparece espectralmente en la toma, oculto su rostro por la fotografía de un animal nonato. Las referencias angustiosas a la pérdida de identidad, a la presencia que se diluye y la muerte, se ven enfatizadas por un reconocible y desolado paisaje urbano, cotidiano pero precario y, por eso, inquietante.
A su vez, Carlos Trilnick en Una tarde organizó el tiempo de manera subjetiva, haciendo que avance y retroceda cíclicamente. Video realizado en el año 2000, se inspira y cita un relato breve de Samuel Beckett –One Evening –, donde la aparición inexplicada de un cadáver, dirige el clima de la narración hacia la irrupción imprevisible de la oscuridad crepuscular que se cierne sobre la existencia. Trilnick, actor de su obra, la carga con la intensidad del que observa sus propios pasos borrados una y otra vez por la fluencia acuosa de la vida. Pero mirada en el contexto de su producción, la pieza revela, entre texturas pictóricas y superposiciones propias de indagaciones experimentales de la imagen, la solidaridad corporal del que cae con los que desaparecieron durante la última dictadura, pero que se levanta para enunciarlo.
Semejante al de Trilnick, el cuerpo de Rosana Simonassi yace en los húmedos campos de la llanura pampeana. En sus fotografías la reiterada escenificación de su muerte podría dar pábulo a una intriga policial, cuyas pistas, para perplejidad de cualquier sabueso, se multiplican en locaciones y vestuarios. Pero quizás también aluda a que en cada muerte es posible ver la propia. El ejercicio de contraponer el cuerpo humano a la inmensidad del paisaje, no es más que un reconocimiento de aquel fatal destino, cuya mejor consumación sería hacerse uno con la naturaleza.
Cuerpo y paisaje también son componentes de la serie Retazos del paraíso de Ananké Assef. Para elaborarla tomó escenarios próximos a sus afectos, a su entorno familiar, a las vivencias de su crecimiento. En su obra la naturaleza se convierte en lugar de descubrimientos y aprendizajes, a veces dolorosos e intimidantes. El momento del día, el lugar elegido y la escala en que la artista se coloca, acompañan actitudes corporales que acentúan sensaciones y sugieren que el paisaje, aún en su esplendor, puede tornarse desolador o amenazante. Sitio con el que pueden establecerse relaciones de empatía, logra ser refugio que, no obstante, mantiene su condición de indómita intemperie.
Desde hace años Eugenia Calvo continúa registrando en sus videos tareas ímprobas y desatinadas, en un entorno doméstico que adquiere perfiles surrealistas. En S/T (Oficina) , la locación es laboral y la primera impresión es que todo transcurre en una circunspecta normalidad. Nada de extraño parece tener una mujer formalmente ataviada que ordena papeles y libros en un despacho. Pero a poco de andar se constata que esta meticulosa secretaria se afana en ocultar los lomos de los libros volviéndolos hacia el fondo de los estantes. Lo mismo hace con carpetas y papeles disponiéndolos de modo que sólo muestren sus caras en blanco. La anulación de todo signo de identificación, de todo propósito funcional, plantea que esta prolijidad minimalista, que sólo puede ser estética, no hace otra cosa que translucir absurdos ribetes de ciertas ocupaciones cotidianas.
Plena de desenfadado humor, Nushi Muntaabski ha acometido sus trabajos performáticos con una exagerada intensidad dramática que los acerca a la sátira. El melodrama romántico es uno de sus temas; lo aborda en esta ocasión en un formato clásico, la fotonovela. El título –Piel naranja– alude a una popular tira televisiva de Alberto Migré al tiempo que se refiere al abrigo que la artista viste en la obra. El encuentro de la mujer y el perro de cristal –una escultura de Muntaabski– lleva al extremo el tópico del amor imposible: encarna irónicamente el papel del amado –un seductor fatal– en un objeto inanimado. Como buen “desalmado”, “romperá el corazón” de la protagonista desencadenando un final trágico, parodia que deja entrever las aparentemente inevitables relaciones entre destino, amor y dolor.
En Flavia Da Rin la fotoperformance y su manipulación digital es un método privilegiado. De esta manera trató diferentes temas: soledad, desdoblamiento de personalidad, fantasías y rituales en torno a la muerte, preconceptos y frivolidades de la sociedad de alto consumo. Como una reacción a los condicionamientos sociales, la artista desarrolló en 2009 una serie que reflexiona sobre el peso de la propia imagen. En una mujer, y más aún si es famosa, raparse la cabeza no deja de ser un acto de renuncia y de rebeldía. Da Rin pensó en cantantes como Sinéad O’Connor o Britney Spears, pero también en personajes históricos como Juana de Arco, que en algún momento sintieron la necesidad de ser diferentes y probaron los límites de su aceptación.
En el imaginario regido por el cine gore y por la estética New Wave , Sebastián Pinciroli desarrolló Re-Animator , una obra interactiva especialmente diseñada para la web[ii] En ella el artista toma el lugar del protagonista del film homónimo basado en el libro de Lovecraft Herbert West. Reanimador . Utiliza las imágenes de esta película de culto para mostrarse inmerso en la atmósfera alucinada del laboratorio, obsesionado por su experimento. Multiplicando el juego de apropiaciones, la obra que presenta a modo de afiche, reconduce hacia la alojada en Internet, que como la historia original, promete inquietantes emociones.
Estos pocos ejemplos dan un indicio de la variedad de propuestas significativas que arroja la investigación sobre la foto y la videoperformance en nuestro medio. Es precisamente esta pluralidad de artistas y de obras la que justifica una segunda edición de La acción y su registro .
Adriana Lauria
[i] Heavy Mental Records (2006, Premio arte BA-Petrobras) fue una instalación que evocaba un estudio de grabación, en la que podía escucharse un disco con canciones –interpretadas por los grupos Insurrección, Sacred Thrash y Exocet– cuyas letras estaban hechas con el sistema de cut-up , a partir de libros de Michel Foucault, Gilles Deleuze y Felix Guattari, Georges Bataille y Slavoj Zizek. Huele a sangre se relaciona con este trabajo.
[ii] Para www.thinkagain.com.ar , emprendimiento de la artista Lorena Cardona.
