Muestras / Muestras anteriores / 2012
( 40 50 60 70 )
RICARDO BLANCO
“El tiempo contenido”
Hasta hoy en día el diseño se ocupó solo de resolver las necesidades a través de los objetos útiles. Actualmente los objetos además sirven para que los diseñadores expresen sus ideas. Poner en formas los conceptos es uno de los desafíos que encaran actualmente los diseñadores. Se puede trabajar en conceptos abstractos e intentar materializarlos, como ser, la amistad, la nación, la identidad, etc. O sea conceptos que no tienen un leguaje formal. Hay otros conceptos que sí tienen un universo de formas y estos son los lugares a los que los diseñadores más nos interesan introducirnos para generar un cierto desconcierto al observador.
El tiempo es una dimensión conceptual interesante de expresar en un sistema de formas. Mucho más compleja es la intención de contenerlo pues es contradictoria la idea de contener aquello que indefectiblemente fluye.
Ese fue el desafío que Ricardo Blanco, Eduardo Naso, Alejandro Sarmiento y Pablo Bianchi se impusieron. La consigna que se dieron fue diseñar relojes de pie, ya que estos son contenedores del tiempo. Los diseñadores han estado vinculados durante muchos años como docentes, alumnos, colegas, y amigos y cada uno tiene en su haber a décadas (40/50/60/70) distintas, eso los vincula y los diferencia.
FEDERICO KLEMM 1942 / 2002 - HOMENAJE
Acceda a la prensa de esta muestra
ENIO IOMMI - LAS MARAVILLAS DEL MUNDO - Curadora: Elena Oliveras -
Poderes de la abyección
por Elena Oliveras
Cercano e inadmisible, lo abyecto es lo “otro” en lo que no queremos reconocernos. Del latín abjectus (part. pas. de abicere = rebajar, envilecer) es lo despreciable, lo vil extremo, lo que no podemos aprehender ni controlar. Por eso lo expulsamos.
Cada una de las esculturas de la serie Las maravillas del mundo de Enio Iommi podría ser leída como diferentes capítulos de lo abyecto. Ellas perturban el sistema. No respetan reglas, en primer lugar, la del “buen gusto”. No ya bella apariencia sino intención de tocar lo “real traumático” difícilmente representable. De allí que surja la pregunta, ¿puede lo abyecto llegar a ser un signo para el arte? Iommi se atreve. Su joven irreverencia lo permite. Cada vez su atrevimiento se vuelve más intempestivo, más anárquico, es decir, más inadecuado para los fines del sistema. Y esto es así porque se siente “realmente agotado”.
“Estoy realmente agotado -afirma Iommi- de ver y vivir con gobernantes que imponen sus poderes. Es tiempo que la humanidad viva a pleno”. Y agrega “creo que el anarquismo como valor humano nos daría con la clave y el derecho de vivir con plenitud”. Anarquismo positivo, en consecuencia, dada su base y su perspectiva humanistas.
Si en la década del 40, en los comienzos de su trayectoria, los “dardos” fueron contra un cierto tipo de arte seductor, complaciente con el mercado, hoy la serie Las maravillas del mundo, con su irónico título, pone en escena una feroz crítica a la sociedad establecida.
Iommi muestra figuras terribles, a veces repugnantes. Así en Los dos al mismo tiempo (2012), los excrementos mancillan a los amantes que comparten incómodamente un mismo inodoro. Los deshechos del cuerpo ejercen una perversa fascinación en el espectador. Su mirada sorprendida - y suspendida- queda como atrapada por el triunfo de lo ominoso en la (supuesta) bella intimidad del encuentro. La impactante visión extremista, escatológica, de Iommi tiene antecedentes en la historia del arte. Resultan paradigmáticas las latas Merde d’Artiste de Piero Manzoni (1961) como también las performances de los accionistas vieneses, de Eva Hesse, Mike Kelley, Paul Mc Carthy o Teresa Margolles.
Iommi no tiene reparos en hacernos sentir asco, esa cualidad que Kant ubicaba fuera de la estética y del arte. El artista podría llegar a trabajar con lo feo pero no con el asco porque, de hacerlo, lo representado produciría el mismo efecto que el objeto a representar. No se lograría, por lo tanto, la distancia estética. Antikantianamente, Iommi convierte al asco en categoría estética. Su desafío no es gratuito ya que sólo a través del shock que produce lo repugnante podría ser tocada la conciencia adormecida. Parece que ha llegado el momento de sustituir el placer estético por la lucidez estética. Hedonismo convertido en epistemología. Es que ubicándonos en una estética de lo bajo, en la vereda opuesta del maquillaje que pone un velo tranquilizador, Iommi muestra situaciones “en bruto” para hacer que muestras emociones funcionen cognoscitivamente.
En Removiendo cabezas (2011), una masa indiscriminada de frutas, clavos y trozos de cuerpos humanos desbordan el recipiente en el que son cocinados y hacen pensar en la figura del “lodo” del cambalache discepoliano (Cambalache fue precisamente el título de una muestra que Iommi realizó en 2002).
Pero no todo responde a una estética de lo horrendo. Algunas esculturas muestran un doble límite: por un lado, limitan con lo bello -presente en el ideal femenino de Comprendiendo a la humanidad (2012) y en el paradigma masculino del Doríforo de Todavía sirve (2012) - y, por otro, con el humor.
No son pocas sus piezas escultóricas que se articulan en torno del humor. Un ejemplo es Imagen de ArteBA (2012). Allí la figura de un payaso rodeado de copas de champagne muestra la degradación –la payasada- del arte convertido en fait social, al tiempo que en Chupa culo (2012) la figura de un enorme perro negro que babea es símbolo de una sumisión indigna.
En dos trabajos de la serie expuesta se alude a la imposibilidad de desarrollo del pensamiento sujeto a la tecnología. En Por falta de cabeza... (2012) el fragmento de una pierna se funde, de modo surrealista, con una calculadora y en La máquina en el cerebro (2012) la protagonista de una célebre historieta –Periquita- se sumerge en el interior caótico de una máquina de calcular.
Iommi nos hace ver que el peligro puede estar donde menos se lo espera. No imaginamos que dos muñecas del mismo tamaño y material -sentadas alrededor de una mesa donde se acumulan objetos domésticos- ostenten personalidades tan diferentes. La maldad y la ingenua (2010) obliga a una mirada atenta para ubicar las diferencias. Mientras una de las muñecas, con gesto maternal, parece proteger a un grupo de infantes, la otra convierte algo útil –un tenedor para asado- en arma atacante. La crítica al consumo que Iommi desarrollaba en obras como Hombrecitos pasando por la ley del embudo (2005) permanece en un objeto de consumo que “la maldad” sostiene en sus manos (una botella que recuerda la grafía de Coca Cola).
“La maldad” se instrumentaliza en todo tipo de elementos de uso cotidiano (cucharas, cucharones, cuchillos, ollas, cepillos de dientes, anteojos, clavos ...), situándonos en una suerte de Unheimliche freudiana, en el leve límite de lo familiar que, de pronto, se vuelve siniestro, extraño. Familiaridad inhóspita que subraya Desde chico que nos oprimen (2010), donde un servicial exprimidor de naranjas se convierte en máquina de tortura que aprieta ferozmente la cabeza de un niño-muñeco, mientras que un cuchillo de uso cotidiano se convierte en arma que ciega al protagonista de Sin salida (2012), una suerte de San Sebastián atravesado por múltiples dispositivos.
Es importante destacar que Iommi, cada vez más, incluye palabras en sus esculturas e instalaciones. A modo de breves manifiestos, sus textos puntualizan significados, como si en los tiempos que corren no hubiera demasiado tiempo para perder. En Desde chico que nos oprimen el texto pegado a un plato dice: “expulsor de cerebros y barniz cultural”.
Las palabras que incorpora en Todavía sirve suman una cuota de humor y subrayan, en tiempos de tanta mediatización como el nuestro, la importancia del original. Leemos: “El verdadero Doríforo, apareció en Villa Tachito, pcia. de Bs. As... en 1800, por el arqueólogo Iommi”. El modelo que copiamos pasaría a ser, en consecuencia, un producto de exportación “original” y, en consecuencia, lo marginal pasaría a ocupar un lugar central.
¿Hacia dónde vamos?, es la pregunta que flota en el conjunto. No hay una respuesta porque el arte no es simple copia del mundo sino trasgresión y contradicción. Por eso, no obstante la aceptada asociación fealdad-maldad, sería demasiado simplista decir que hoy predomina lo feo en el arte porque estamos en un mundo feo. Es lo mismo que pensar que el arte clásico es bello porque el mundo en que surgió fue bello (error que Nietzsche corrige en El nacimiento de la tragedia).
Así como en el arte la Antigüedad conviven los opuestos apolíneo-dionisíaco, la “estética de lo feo”, en el caso Iommi, no da la espalda a la belleza que él mismo desarrolló en sus etapas iniciales. Pero se trata, esta vez, de una belleza anárquica, inquietante, que quiebra toda articulación lineal, más aún cuando lo feo puede presentarse como tierno complejizando aún más la interpretación.
El mal y el bien no siempre están perfectamente demarcados. De este modo, Iommi da una nueva vuelta de tuerca a la pareja feo-malo, en la senda del célebre film de Ettore Scola, Brutti, sporchi e cattivi (Feos, sucios y malos).
Debemos observar que la complejidad de la estética de lo feo no sólo se concreta con la inclusión de lo bello y del humor sino porque, más allá de los cambios que Iommi introduce a partir de los años 70, nunca deja de ser “escultor”. Utilizando todo tipo de materiales tanto “nobles”, en los comienzos, como pobres, de descarte o kitsch, no deja de sentir el espacio como forma. Una percha metálica –un objeto cotidiano- dibuja hoy el espacio como antes lo hacían alambres y varillas.
Un párrafo aparte merece la apertura programática de Enio Iommi, que esta vez da oportunidad expositiva a su hijo, Rafael Girola. Desde la perspectiva de una visión cósmica, que es la que le abre su formación como astrónomo, Girola centraliza el drama de la desintegración de la verdad y de la identidad. Así sus dibujos y pinturas dialogan con un conjunto de alto voltaje crítico. “Quizás por su profesión como astrónomo -comenta Iommi- ve a la tierra como un planeta todavía en desarrollo”. La utopía no estaría entonces definitivamente cerrada.
Una vez más, como lo viene haciendo desde hace más de siete décadas, Iommi concreta en Las maravillas del mundo lo que es esencial al arte: ser escritura de la historia. Escritura lúcida que será memoria de un tiempo desencantado y nada “maravilloso”, sostenido por los poderes de la abyección. Para decirlo con sus palabras “no es el gato de angora, sino el gato sarnoso, el que mejor refleja el tiempo que nos toca vivir.”
LAS MARAVILLAS DEL MUNDO
por Enio Iommi
Estoy realmente agotado de ver y vivir con gobernantes que imponen sus poderes.
Es tiempo de que la humanidad viva a pleno y no con la esperanza de vivir naturalmente y sin imposiciones medievales.
Por tal motivo creo que el anarquismo como valor humano nos daría con la clave y el derecho de vivir con plenitud. De crear e inventar una vida para desarrollar humildemente la escala humana.
El arte, su contenido es profundizar los pensamientos, es decir, que los distintos valores sean más humanos, para que la poesía de la propia vida pueda desarrollar un mundo más amable y sincero.
Mis últimas obras manifiestan las agresiones que padece parte de la humanidad.
Con tales esculturas deseo reflejar esas agresiones que muchas veces nosotros los humanos sufrimos.
La exposición que realizo expresa lo bárbaro a lo que muchas veces nos dejamos llevar por la inconciencia.
Por tal motivo esta exposición se titula Las maravillas de nuestro mundo.
Creer en los ideales de la utopía es una posibilidad para soñar, porque la verdad contiene partes muy obscuras que se inclinan más al poder de decir “yo tengo la verdad”, ¿pero cuál?, la tuya, la mía o de los otros.
La verdad es una especie de ambigüedad, aunque se desee que sea única sin escuchar la de los otros.
En cambio la mentira es hacer creer que es la verdad y es así como nos hacen vivir.
Creo que la emoción del arte construye el propósito universal para comprendernos y relacionarnos con la cultura.
En fin, la condición humana es compleja, por tal motivo las relaciones y los diálogos nos darían la convivencia, pero desgraciadamente es una ilusión, ya que la realidad nos hace aceptar la actual vida que nos imponen.
Me acompaña en la muestra mi hijo Rafael Girola.
Lo invité, porque sus obras reflejan el drama de la vivencia.
Quizás por su profesión como astrónomo ve a la tierra como un planeta todavía en desarrollo.
Acceda a la prensa de esta muestra

