Lucio Fontana era italo-argentino, apuesto, elegante, seductor, casi un estereotipo. Pero, bajo esas apariencias, se escondía un trabajador formidable, un ser dotado de un savoir faire excepcional acompañado de una intuición poco común.
Fontana es, ante todo, la aventura espacialista, el descubrimiento de una nueva dimensión más allá de la tela por medio del agujero y de la abertura, un estadio intermedio entre pintura y escultura, el anticipo de la instalación, pero también, como quiere mostrarlo este trabajo, el duro combate de un hambre para demostrar a los que quiere que el arte es a la vez la pertinencia de un concepto y la capacidad de declinar ese concepto "comprendiéndolo" plenamente en la materia y en la forma.
Fontana escribió muy poco, esculpió y pintó muchísimo participando en todas las situaciones artísticas experimentales de la entreguerra y después de la guerra hasta los años sesenta.