La escultura y la pintura fueron los modos de expresión artística plástica de la cultura occidental desde sus comienzos. El recorrido que se intenta exponer toma en cuenta la centralidad que el concepto de forma ha tenido para esta cultura. (1) Tempranamente se hicieron pactos tanto con la figuración, especialmente antropomórfica –bastaría aludir a la escultura griega-, como con la materia artística misma. El mármol y el bronce fueron para Grecia los materiales escultóricos por antonomasia. Desde aquellas tempranas épocas la pintura –murales, frescos, vasos- fue puesta en cuestión desde un punto de vista filosófico por Platón a causa de su método imitativo, modalidad que acompañaría por siglos gran parte del arte de Occidente.(2) Durante la Edad Media, la escultura en piedra se apoyó en la arquitectura –románica y gótica-. El Renacimiento trajo la gran novedad del invento de la pintura al óleo y se dice que Jan van Eyck, su posible creador, fue un alquimista, por lo cual habrá tenido un gran conocimiento del comportamiento de los componentes de esa nueva materia pictórica.
Por siglos se demostró una alianza entre los artistas y la forma, pero también entre los artistas y el manejo de esa materia constituyente. R.M. Crosa, al referirse a la experiencia artística en su raíz antropológica, señalaba que a través de ella “la vida se dirige a la materialidad del universo (…) para edificar su salvación”. (3)
Durante el Romanticismo se comenzó de manera paulatina a abandonar la idea de forma, en pos de la autonomía de los elementos constitutivos, especialmente, de la pintura: el soporte, la línea y la pintura misma que comenzaban a hacer evidentes sus cualidades específicas.(4) Desde allí en adelante el devenir histórico no aportó sino rasgos de apertura e incluso de transgresión a aquella forma, con saltos radicales no sólo como el impresionismo, las vanguardias, la abstracción, el informalismo, sino con el pasaje de la forma a la idea, resultado del conceptualismo.
Sin embargo, en el presente la condición de la forma, que subsiste aún, resulta cada vez más abierta y múltiple, tal como ha sucedido con la idea de arte, en relación con el cual se ha hablado hasta de su des-definición. Tanto es así que se podría postular en algunos casos una identificación más próxima entre otras formas y otras materias en la obra de ciertos artistas, también como las dos caras de una misma cuestión.
Al elegir ciertas obras específicas de Víctor Grippo, Elba Bairon, Leo Battistelli, Miguel Harte y Ariadna Pastorini para esta exposición se focalizó en aquel aspecto por el cual las configuraciones de estas obras se han alejado de la idea tradicional de forma y se manifiestan por medio de una materialidad que permite formular una analogía que ampliaría el concepto de material artístico hacia el de materia, más cercano a la física. Algunos artistas reinventan los materiales por medio de técnicas propias que presentan a la materia de un modo flexible, más fluido, menos sólido, en transición. Es probable que esta modalidad permita el registro más sensible de afinados movimientos de la relación entre los seres humanos y el mundo, y de paradigmas culturales en transformación.
Anónimos de Víctor Grippo funciona como nudo conceptual de la muestra. Es sabido que una de las vías de acceso a la obra de Grippo es la de mecanismos artísticos ligados a los procesos físicos, vegetales, minerales, en tanto la antigua alquimia fue una de las fuentes teóricas de su pensamiento. En su última exposición individual, el artista, quien casi no trató la figura humana, presentó esta serie compuesta por pequeños cuerpos, “seres casi sin forma, impávidas presencias sin alma”.(5) Habituado al manejo de la materia, de lo sólido a lo más sutil, aquí manifestó un juego contrario, un desdibujamiento de los seres en el desencanto tardomoderno.
Las figuras Sin título de Elba Bairon, casi siempre blancas y sólo a veces con tenues rasgos esbozados, podrían remitir al concepto platónico de materia –dinámica, poseedora de movimiento- y entonces, la artista funcionaría como un demiurgo que ordena por momentos la materia caótica y para otorgarle una identidad pasajera y ligera a cada una de las figuras.
Nado de Battistelli es el registro de las burbujas que produce el agua del río Paraná cuando un cuerpo que nada en estilo mariposa se desplaza por su cauce. Esas pompas de porcelana y luz proyectan la compenetración del cuerpo y la naturaleza.
Oscuridad de Harte cerraba su exposición Brillábamos, 2008, que mostraba una naturaleza alucinada, la que era finalmente absorbida por este agujero negro que sólo puede sumir al espectador en lo sublime irresistible.
Relacionamos los Goldkorper de Pastorini a una idea de Marcel Proust acerca del pasado escondido en algún lugar, “más allá del alcance del intelecto, en algún objeto material (en la sensación que ese objeto material nos dará) y que no sospechamos.” Y, agregamos que tal vez el futuro pueda también residir en esos cuerpos de oro.
Finalmente, nos preguntamos si este cambio de la materialidad artística no está señalando algún cambio ontológico. O su necesidad.
Mercedes Casanegra
Notas:
(1)J. Jiménez, Teoría del arte, Madrid, Tecnos / Alianza, 2002, p.53.
(2)Este es un tema central en la historia del arte, que se ha considerado desde distintos puntos de vista. Al respecto, entre otros, puede verse A.C. Danto, Después del fin del arte, Barcelona, Paidós, 1999, cap.1.
(3)R.M. Crosa, Acerca de lo bello, Junín, Salido, 1994, p.13.
(4)Ibidem. C. Greenberg y Danto ubicaron este cambio más definidamente con el modernismo y la pintura de Manet, cuando “los medios de representación se vuelven el objetivo de ésta”, p. 29.
(5)Víctor Grippo, Anónimos en Víctor Grippo, catálogo Ruth Benzacar, abril-mayo 2001.
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