Una anécdota de los alumnos de Héctor Cartier dice que solía interrumpir sus clases de color para preguntar repentinamente de qué color era el aire. Los alumnos, que no tenían una respuesta en mente, eran obligados entonces a salir del aula y verla de lejos a través de la ventana: de acuerdo a la luminosidad exterior, el aire del aula se podía ver más o menos amarillo o naranja. Carla Bertone lleva ahora esta olvidada expresión de experticia docente a lo que podría ser su opuesto: buscar la transparencia en el despliegue del color, utilizando un abanico de morfologías romboidales, poliédricas y estelares para generar un cromatismo homeopático, perceptible sólo por acumulación.
De una nouvelle de Vladimir Nabokov (Cosas transparentes , 1972), Bertone eliminó toda la información menos la caracterización de los colores: verde manzana, verde pasto azulcielo, verde reptil son algunos de los matices crecientemente inventivos que utiliza el autor en su vejez. La pieza no solamente resalta la importancia de los colores en la descripción nabokoviana, sino que permite establecer la manera en que conceptos altamente metafóricos se convierten en información cromática (una “ciruela color de plomo” indica saturación, etc.). Libres de las limitaciones que impone la representación narrativa, los colores de Nabokov se encuentran por decirlo así en caída libre.
Por otro lado, al intercalar pinturas con impresiones y un empapelado en un complejo display de planos superpuestos, lo que Bertone busca es menos la espacialidad que la aparición de colores interpenetrables.
En las serigrafías, esta búsqueda se manifiesta mediante el contraste entre tonos saturados y desaturados, que habilita cierta ilusión de profundidad. En las pinturas, la elección de tonos análogos muy aguados, en familias de colores que establecen relaciones inestables sin contrastar con los fondos. La organización de los planos en estructuras con forma de cristal genera simetrías y vibraciones: los azules se vuelven dominantes o se funden en una gran masa acuosa de transparencia. Dibujando directamente las líneas sobre el soporte y distribuyendo el color de forma incompleta, goteante, tornasolada Bertone lleva el lenguaje de la geometría sensible a un punto cercano a su disolución, en el que la materia parece desorganizarse paulatinamente hasta llegar al fondo regular, homogéneo, entrópico, del empapelado, en el que el dinamismo de las figuras se vuelve un patrón predecible. Bertone sigue así un camino contrafactual y filosófico, en el cual la postulación de una cualidad cromática negativa (la transparencia) parece poner en riesgo el marco de problemas de toda una tradición. Así es que busca disolver el color, no en un sistema de signos (como hiciera Alejandro Puente) sino en el conjuro de un imponderable frente al cual todo el lenguaje de la abstracción geométrica se vuelve inefable.
Claudio Iglesias