EN LA GALERÍA EDURNE DE MADRID
Alberto Greco es un personaje casi mítico, su vida intensa y extremadamente breve, que a primera vista aparece como una mezcla de fe, de candor, de voluntad de poder y de impostura, contribuyó a crear la leyenda. En apenas una década, pasó rápida e intensamente, casi con desesperación, por la poesía y la pintura informalista en Buenos Aires, San Pablo y Río de Janeiro, el Vivo-Dito en París, el teatro-performance en
Roma, el Manifiesto del Arte Vivo en Génova, los cuadros-textos y los objects vivant en Madrid, las delirantes confesiones de Besos brujos en edralaves y el suicidio en Barcelona. El nventario de la breve y caótica deriva, por supuesto, es incompleto.
En su frenética carrera hacia el final, antes de terminar 1963, en Madrid, Greco se propuso crear la Galería Privada, abierta a todo el mundo; también sería su estudio y su domicilio. No concebía de otro modo la privacidad ni la intimidad. Gracias a cierto mecenazgo, finalmente consiguió concretar su proyecto, en un piso de la Avenida de Manzanares.
En una de las habitaciones de la Galería, Greco pintó una obra en colaboración con Antonio Saura.
Realizó otra (perdida) con Manolo Millares. Por supuesto, la Galería Privada quedó en la memoria colectiva del mundo del arte madrileño por las fiestas, numerosas, que animó un onglomerado heterogéneo de invitados.
En mayo 1964 Greco expuso en la Galería Juana Mordó, de Madrid. Lo habían presentado Millares y Saura. Unos meses después retornó a Buenos Aires, su objetivo era concretar una experiencia de Arte Vivo. En la invitación que envió la Galería Bonino se anunciaba: “Mi Madrid querido. Pintura espectáculo Vivo-Dito. Con la colaboración del famoso bailarín español Antonio Gades; presentación de Jorge Romero Brest”.
Antes de finalizar el año Greco viajó a Nueva York. En marzo de 1965 consiguió participar en una acción conocida como La llave en el Metro, que Arman, Robert Fillou y Daniel Spoerri organizaron con la colaboración de Christo, Allan Kaprow, Roy Lichtenstein, Andy Warhol y otros.
Hacia fines de abril del mismo año Greco se instaló en España. Permaneció un mes en Madrid, donde, el 18 de mayo, presentó la “muestra de un día” con Manolo Millares y el grupo ZAJ (Juan Hidalgo y Walter Marchetti), en la Galería Edurne, fundada por Margarita de Lucas y Antonio de Navascués.
Millares presentó tres “artefactos” y el colectivo ZAJ realizó dos etcéteras zaj. El grupo colaboró también con una acción en la que todos los presentes hacían sonar cascabeles. Entre los trabajos del argentino se encontraba Horno crematorio (1965, tinta y aguada sobre papel, 65 por 50 centímetros), incluida en la
selección de la Fundación Klemm.
Greco permaneció un tiempo en Madrid antes de viajar a Ibiza. Luego, su destino fue Barcelona.
Allí puso fin a su vida ingiriendo barbitúricos. Faltaban tres meses para que cumpliera 35 años Alguien dijo que había encontrado al pintor “en el dormitorio […] vestido con unas bombachas turcas de color
rojo y el torso descubierto, respirando apenas, con los brazos en cruz y en la palma de cada una de las manos escrita la palabra ‘Fin’ con tinta”.
En 1991, la Galería Edurne presentó otra muestra de Greco, con obras conservadas por Peter Valentiner, un alemán amigo del artista. La exposición, reseñada por Juan Manuel Bonet en una nota incluída en este catálogo, estaba compuesta por dibujos realizados con lápiz, bolígrafo, tinta china y collage; también había varios documentos muy diversos, entre ellos cartas, tarjetas (con texto de Ben Vautier) y fotografías. Las obras, en su mayor parte, se incluyen en la exposición de la Fundación Klemm.
La exposición de Edurne se realizó en coincidencia con la gran antológica de Alberto Greco presentada por el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), con la curaduría de Francisco Rivas, crítico español recientemente fallecido. La misma muestra se pudo ver, en 1992, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.
Jorge López Anaya
Curador
FUNDACIÓN FEDERICO JORGE KLEMM